martes, 9 de julio de 2013

Club de Lectura (3x11)

Esta vez, te traemos el capítulo 11 del libro Perfect.
Si te olvidaste de leer el capítulo anterior, lo podés leer acá.
Para empezar a leer, hacé clic en Más Información.


Capítulo 11: Aún en la seguridad de la más alta tecnología no te protege de todo

Momentos más tarde, Aria empujó las puertas dobles para darse paso al Natatorio en Rosewood Day y se unió a Spencer y a Hannah, que hablaban en voz baja por las máquinas expendedoras. 
—Pobre Emily —le susurró Hanna a Spencer—. ¿Sabías acerca de... esto?
Spencer negó con la cabeza.
—No tenía idea.
—¿Recuerdas cuando se coló en la piscina de los Kahns cuando estaban de vacaciones y fue a bañarse desnuda? —Hanna murmuró—. ¿Recuerdas todas las veces que nos hemos cambiado en vestuarios juntas? Nunca la sentí rara.
—Yo tampoco —chilló Aria arriba, esquivando a un lado para que un niño de primer año pudiera disfrutar de un refresco de la máquina de Coca-Cola.
—¿Crees que pensaba que alguna de nosotras era linda? —Hanna abrió los ojos—.Pero yo estaba tan gorda en ese entonces —añadió, sonando un poco decepcionada.
—A pasó a dejar esas hojas sueltas —dijo Aria a Hanna y Spencer. Ella señaló hacia la piscina—. Podría estar aquí.
Todas ellas se asomaron en el natatorio. Los competidores se paraban en los bloques, esperando. La mascota tiburón martillo desfilaba arriba y abajo de la longitud de la piscina. Los puestos aún estaban llenos. 
—¿Qué se supone que debemos hacer al respecto? —preguntó Hanna, entrecerrando los ojos—. ¿Detener la reunión?
—No debemos hacer nada. —Spencer cerró la cremallera de su anorak Burberry color caqui hasta la barbilla—. Si buscamos a A, A se podría enojar... y haría algo peor.
—A. ¡Esta Aquí! —repitió Aria—. ¡Esta podría ser nuestra gran oportunidad!
Spencer miró a la multitud de niños en el vestíbulo. 
—Yo... me tengo que ir. —Con eso, ella se lanzó por la puerta giratoria y echó a correr por el estacionamiento.
Aria se volvió a Hanna. 
—Spencer salió corriendo de aquí como si ella fuera A—medio bromeó ella.
—He oído que es finalista en algún gran concurso de ensayos. —Hanna sacó la polvera de Chanel y comenzó secándose en la barbilla—. Sabes que ella se vuelve demente cuando está compitiendo. Probablemente irá a casa para estudiar.
—Es verdad —dijo Aria en voz baja. Tal vez Spencer estaba en lo cierto, tal vez A haría algo peor si ellas realizaban búsquedas en las gradas.
De repente, alguien agarro la capucha de su cabeza por detrás. Aria se arremolinaba
alrededor. —Mike —jadeó—. Dios.
Su hermano sonrió. 
—¿Recibiste una foto de lesbianas en acción? —Él fingía que lamía la imagen de Emily y Maya—. ¿Puedes conseguirme el número de Emily?
—Absolutamente no —Ella observó a su hermano. Su gorra de lacrosse STX aplastaba su cabello azul y negro, él estaba usando su abrigo azul y blanco de lacrosse de la universidad de Rosewood Day. Ella no lo había visto desde la noche anterior.
—Así que… —Mike se puso las manos en las caderas—. He oído que fuiste expulsada de la casa.
—No fui expulsada —dijo Aria a la defensiva—. Pensé que sería mejor si me quedaba lejos por un tiempo.
—¿Y te estás mudando a la de Sean?
—Sí —respondió Aria. Después Ella le había dicho a Aria que se fuera, Aria había llamado a Sean histérica. Ella no había sido invitada, pero Sean se había ofrecido, diciendo que no habría ningún problema en absoluto.
Hanna dejó caer la mandíbula. 
—¿Te estás mudando a la casa de Sean? ¿Cómo dentro, en su casa?
—Hanna, no por elección —dijo Aria rápidamente—. Es una emergencia.
Hanna apartó los ojos. 
—Lo que sea. No me importa. Lo vas a odiar. Todo el mundo sabe que el permanecer con los padres de su novio es una relación suicida. —Ella se dio la vuelta, abriéndose paso entre la multitud hacia la puerta principal.
—¡Hanna! —protestó Aria, pero Hanna no se volvió. Miró a Mike—. ¿Tuviste que mencionarlo cuando ella estaba de pie aquí? ¿No tienes discreción en absoluto?
Mike se encogió de hombros. 
—Lo siento, no hablo el idioma del síndrome premenstrual. —Sacó una PowerBar de su bolsillo y comenzó a comerla, sin molestarse en ofrecerle a Aria—. ¿Vas a la fiesta de Mona?
Aria sacó el labio. 
—No estoy segura. No he pensado en ello.
—¿Estás deprimida o algo así? —preguntó Mike, con la boca llena. 
Aria no tuvo que pensar en ello demasiado.
—Un poco. Quiero decir... papá se fue. ¿Cómo te sientes?
La cara de Mike pasó de ser abierta y bromista a fría y precavida. Dejó caer el papel a su lado. 
—Así que, ayer por la noche le hice a mamá algunas preguntas. Ella me dijo que papá estaba viendo a esa chica antes de irse a Islandia. Y que tú sabías.
Aria puso los extremos de su pelo en la boca y se quedó mirando el aviso azul de “se puede reciclar”, en la esquina. Alguien había dibujado un par de dibujos animados de tetas en la tapa. 
—Sí.
—¿Por qué no me dijiste eso?
Aria lo miró. 
—Byron me dijo que no.
Mike le dio un mordisco violentamente al PowerBar. 
—Estuvo bien, sin embargo, contárselo a Alison DiLaurentis. Y está bien para ella decirlo en un video que está en todas las noticias.
—Mike... —Aria comenzó—. Yo no le dije. Ella estaba conmigo cuando sucedió.
—Lo que sea —gruñó Mike, chocó con la mascota de tiburón mientras empujaba con enojo las puertas dobles del natatorio. Aria consideró ir tras él, pero no lo hizo. Se recordó, de pronto, del tiempo en Reykiavik, cuando se suponía que debía cuidar de Mike, pero se había ido a la Laguna Azul geotérmica con su novio, Hallbjorn, en su lugar. Cuando regresó, con olor a azufre y cubierta de sales curativas, ella había descubierto que Mike estaba medio enrejado en el patio de madera en llamas. Aria se había metido en serios problemas por ello, y en realidad, había sido su culpa. Ella había notado a Mike ansiosamente mirando los partidos en la cocina antes de irse a la laguna. Podía haberlo detenido. Probablemente podría haber detenido a Byron, también.
—Así que este es tuyo —dijo Sean, conduciendo a Aria por un suelo de caoba, inmaculadamente limpio por el largo pasillo, a una habitación blanca. Tenía una ventana sobresaliente con un asiento de ventana, las cortinas de gasa blanca, y un ramo de flores blancas en la mesa al final.
—Me encanta. —Miró la habitación como el cuarto de un hotel boutique parisino donde su familia se quedó en el momento en que se entrevistó a su padre en la televisión de París por ser un experto en los gnomos—. ¿Estás seguro de que está bien que me quede?
—Por supuesto. —Sean le dio un recatado beso en la mejilla—. Voy a dejar que te acomodes.
Aria miró por la ventana al cielo rosado, de finales del martes y no podía dejar de comparar esta vista a la suya en casa. La casa de los Ackards estaba ubicada en la espesura del bosque y rodeada de por lo menos diez hectáreas de tierra virgen. La propiedad más cercana, un monolito como un castillo con torres estilo medieval, por lo menos tres campos de fútbol a la distancia. La casa de Aria estaba en un barrio hermoso pero de mala nota para la universidad. Lo único que podía ver del patio de sus vecinos era la lamentable colección de las fuentes para pájaros, animales de piedra, y los jinetes de césped.
—¿Todo bien con la habitación? —la Sra. Ackard, la madrastra de Sean, preguntó a Aria cuando bajó a la cocina.
—Es fantástica —dijo Aria—. Muchas gracias.
La Sra. Ackard le dio una dulce sonrisa a cambio. Ella era rubia, un poco regordeta, con curiosos ojos azules y una boca que parecía que estaba sonriendo, incluso cuando ella no lo estaba. Cuando Aria cerró los ojos y se imaginó una mamá, la señora Ackard era más o menos lo que ella imaginaba. Sean le había dicho que antes de casarse con su padre había trabajado como editora de revistas en Filadelfia, pero ahora ella era ama de casa en tiempo completo, manteniendo la monstruosa casa de los Ackards buscando sesiones fotográficas en todo momento. Las manzanas en el cuenco de madera de la isla estaban llenas de rozaduras, las revistas en el estante de la sala todas encaraban la misma dirección, y las borlas en la alfombra oriental eran aun más grandes, como si las acabaran de peinar.
—Estoy haciendo raviolis de setas —dijo la señora Ackard, invitando a Aria a oler un tarro de salsa.
—Sean dijo que eres vegetariana.
—Lo soy —Aria respondió en voz baja—. Pero usted no tiene que hacer eso para mí.
—No es ningún problema —dijo la señora Ackard a gusto. Hubo también cortes de patatas, una ensalada de tomate y pan abundante, un pan gourmet de siete granos de los campos frescos que Ella siempre se burlaba, diciendo que cualquier persona que pagara $10.99 para un poco de harina y agua debería ser examinada de la cabeza.
La Sra. Ackard sacó la cuchara de madera de la olla y la apoyó sobre el mostrador.
—Fuiste una buena amiga de Alison DiLaurentis, ¿no? Vi el video de las niñas que pasan en las noticias.
Aria agachó la cabeza. 
—Eso es correcto. —Le creció un nudo en la garganta. Ver a Ali tan viva en ese video había traído dolor a Aria de nuevo.
Para sorpresa de Aria, la señora Ackard envolvió su brazo alrededor de su hombro y le
dio un pequeño apretón. 
—Lo siento mucho —murmuró—. No me puedo imaginar lo que es eso.
Las lágrimas picaban en los ojos de Aria. Se sentía bien estar situada en los brazos de una mamá, aunque ella no era su mamá.
Sean se sentó junto a Aria en la cena, y todo lo que era lo contrario de cómo ha sido a la casa de Aria. Los Ackards ponen sus servilletas en el regazo, no había noticias de la televisión zumbando en el fondo, y el Sr. Ackard, era alto y delgado y calvo, pero tenía una sonrisa carismática, no leía el periódico en la mesa. Los gemelos más jóvenes Ackard, Colin y Aidan, mantuvieron sus codos sobre la mesa y no se metían unos a otros con el tenedor. Aria sólo podía imaginar que atrocidades Mike cometería si tuviera un gemelo.
—Gracias —dijo Aria cuando la señora Ackard vertió más leche en el vaso, a pesar de que Byron y Ella siempre había dicho que la leche contenía hormonas sintéticas y causaba el cáncer. Aria le había dicho a Ezra acerca de la prohibición de sus padres sobre la leche por la noche que había pasado en su departamento hace unas semanas.
Ezra se había echado a reír, diciendo que su familia tenía sus momentos raros con la granola, también.
Aria colocó abajo el tenedor. ¿Cómo se había deslizado Ezra en sus pensamientos a la hora una cena pacifica? Rápidamente ella miro a Sean, que estaba masticando un bocado de papas. Ella se inclinó y le tocó la muñeca. Él sonrió.
—Sean nos dice que estás tomando clases avanzadas, Aria —dijo el señor Ackard, pinchando una zanahoria.
Aria se encogió de hombros. 
—Sólo Inglés y estudios de Avanzados de arte.
—Inglés era mi especialidad en la universidad —dijo la señora Ackard con entusiasmo—. ¿Qué estás leyendo ahora?
—The Scarlet Letter.
—¡Me encanta ese libro! —Exclamó la señora Ackard, tomando un pequeño sorbo de vino tinto—. Realmente muestra cómo solían ser las restricciones de la sociedad puritana. Pobre Hester Prynne.
Aria masticaba en el interior de su mejilla. Si sólo Aria hubiera hablado con la señora Ackard antes de que ella marcara a Meredith.
—The Scarlet Letter —El Sr. Ackard llevó un dedo a sus labios—. Ellos hicieron eso en una película, ¿no?
—Uh, huh —dijo Sean—. Con Demi Moore.
—En el que el hombre se enamora de una chica más joven, ¿verdad? —Agregó el Sr. Ackard—. Por lo tanto es escandalosa.
Aria contuvo el aliento. Se sentía como si todo el mundo la miraba, pero en realidad, era sólo Sean. Sus ojos estaban muy abiertos y dispuestos, mortificado. Lo siento, decía su expresión. 
—No, David —dijo la señora Ackard en voz baja, con una voz que indicaba que ella tenía idea de la situación de Aria—. Eso es Lolita.
—Oh. Verdad —El Sr. Ackard se encogió de hombros, aparentemente sin darse cuenta de su metedura de pata—. Tengo todos mezclados.
Después de la cena, los gemelos y Sean subieron a hacer su tarea, y Aria los siguió. Su habitación estaba tranquila y acogedora. En algún momento entre la cena y ahora, la señora Ackard había puesto una caja de Kleenex y un jarrón de lavanda en su mesita de noche. El olor de las flores de la abuela llenó la habitación. Aria se dejó caer en su cama, encendiendo en los nuevos locales para la compañía, y abrió el Gmail en su laptop. Había una nota nueva. El nombre del remitente era una serie de letras y números ilegibles. Aria sintió que su corazón se detuvo cuando ella dio doble clic en abrirlo. 

Aria: ¿No crees que Sean debe saber acerca del crédito extra que hiciste con un profesor de Inglés en particular? Las relaciones reales se basan en la verdad, después de todo. 
A

En ese momento, la calefacción central se apago, hizo a Aria sentarse derecha. En el exterior, una rama se rompió. Luego otra. Alguien estaba viendo.
Ella se arrastró hasta la ventana y se asomó. Los arboles de pinos haciendo sombras y bultos en la cancha de tenis. Una cámara de seguridad sentada al borde de la casa girando lentamente de derecha a izquierda. Hubo un destello de luz, entonces nada.
Cuando volvió a mirar a su cuarto, algo en la noticia le llamó la atención. Nuevo acosador presenciado, decía el mensaje en la parte inferior de la pantalla. 
—Hemos recibido noticias de que algunas personas han visto el acosador de Rosewood —dijo un reportero, cuando Aria subió el volumen—. Quédense para más detalles.
Era una imagen de un coche de policía frente a una casa gigante con torres como un castillo. Aria se volvió hacia la ventana de nuevo, allí estaban. Y por supuesto, una sirena de la policía azul estaba parpadeando contra los pinos lejanos.
Entró en la sala. La puerta de Sean estaba cerrada, el block de fiestas desviado hacia fuera. 
—¿Sean? —Empujó la puerta abierta de su habitación Sus libros estaban esparcidos por todo el escritorio, pero su silla estaba vacía. Había sangre en su cama perfectamente hecha, donde su cuerpo había estado. Su ventana estaba abierta, y una brisa fría sopló, haciendo que las cortinas danzaran como fantasmas.
Aria no sabía qué más hacer, por lo que regresó a su computadora. Fue entonces cuando vio un nuevo e-mail.

PD: Puedo ser una perra, pero yo no soy una asesina. He aquí una pista para los despistados: alguien quería algo de Ali. El asesino está más cerca de lo que piensas. 
A

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