jueves, 21 de febrero de 2013

Club de Lectura (2x27)

Te dejamos otro capítulo del libro Flawless, el capítulo 27.
Si te olvidaste de leer el capítulo anterior, lo podés leer aquí.
Para empezar con la lectura, hacé clic en Más Información.



Capítulo 27: Aria está disponible sólo con cita.

Aria se apoyó en la barra de Foxy y pidió una taza de café negro.
Estaba tan lleno de gente este lugar que el revestimiento de su vestido de lunares ya estaba empapado de sudor. Y sólo llevaba allí veinte minutos.
—Hey —su hermano se acercó furtivamente a su lado. Llevaba el mismo traje gris que había llevado a la funeraria y pulidos zapatos negros que pertenecían a Byron.
—Hey —Aria chilló, sorprendida—. Yo... yo no sabía que ibas a venir.
En el momento en que había salido de la ducha para prepararse para ir a Foxy, la casa estaba vacía. En un momento de confusión, pensó que su familia la había abandonado.
—Sí. Vine con... —Mike se dio la vuelta y señaló a una flaca y pálida chica que Aria reconoció de la fiesta de Noel Kahn la semana anterior—. Sexy, ¿eh?
—Sí —Aria se terminó su café en tres tragos y notó que le temblaban las manos.
Era la cuarta taza en una hora.
—¿Dónde está Sean? —preguntó Mike—. Por eso es que estás aquí, ¿verdad?
Todo el mundo está hablando de ello.
—¿En serio? —Aria preguntó débilmente.
—Sí. Son algo así como la nueva pareja de moda.
Aria no sabía si reír o llorar. Sólo podía imaginarse a algunas de las chicas de Rosewood Day chismoseando acerca de ella y Sean.
—No sé donde está.
—¿Por qué? ¿La pareja ya se separa?
—No... la verdad era que Aria se escondía de Sean.
Ayer, después de que Meredith le dijera a Aria que ella y Byron estaban enamorados, Aria se había ido a ver a Sean de nuevo y rompió a llorar. Ni en un millón de años había esperado que Meredith dijera lo que dijo. Ahora que Aria sabía la verdad, se sentía impotente. Su familia estaba condenada al fracaso.
Durante diez minutos, estuvo gimiendo en el hombro de Sean, ¿Qué voy a hacerrrrr? Sean la calmó lo suficiente como para llevarla a su casa e incluso la acompañó hasta su habitación, la puso en la cama, y puso su animal de peluche favorito, Pigtunia, en la almohada a su lado.
Tan pronto como Sean se fue, Aria apartó las mantas y empezó a pasear. Se asomó al dormitorio. Su madre estaba allí, durmiendo tranquilamente... sola.
Pero Aria no podía despertarla. Cuando se despertó una hora más tarde, fue a su habitación una vez más, preparándose ella misma para lo que tenía que hacer, pero esta vez, Byron estaba en la cama junto a ella.
Echado a su lado, con el brazo colgando por encima del hombro de su madre.
Ahora ¿por qué la abrazas, si estás enamorado de alguien más?
En la mañana, cuando Aria despertó de su gran hora de sueño, tenía los ojos hinchados y su piel había estallado en pequeñas protuberancias rojas. Se sentía con resaca, y mientras recordaba los acontecimientos de la noche anterior, se deslizó de nuevo bajo su edredón de vergüenza. Sean la había acogido. Había soplado mocos en su hombro. Había gemido como una loca. ¿Qué mejor manera de perder al chico que te gusta que llenándolo de baba? Cuándo Sean la llevó para Foxy—se había mostrado increíble, en absoluto—de inmediato quiso hablar sobre lo de anoche, pero Aria le restó importancia, diciendo que se sentía mucho mejor. Sean la miró como un poco divertido, pero era inteligente como para no hacer ninguna pregunta. Y ahora lo esquivaba.
Mike se apoyó contra la barra de madera de Foxy, meneando su cabeza cuando el DJ puso Franz Ferdinand. Había una pequeña sonrisa de satisfacción en su rostro—Aria sabía que él se sentía como un hombre por obtener una entrada para Foxy, ya que él es solo un estudiante de segundo año. Pero era su hermana, y podía ver el dolor y la tristeza que había detrás. Era como cuando eran pequeños y pasaban un rato en la piscina comunitaria, y los amigos de Mike lo llamaban gay porque llevaba un traje de baño blanco que se había vuelto rosa en el lavado. Mike trató de tomarlo como un hombre, pero más tarde, en la piscina de adultos, Aria lo sorprendió llorando en secreto por lo que le había pasado en la piscina de los niños.
Quería decir algo para hacerlo sentir mejor. Acerca de cómo ella se arrepintió de lo que iba decirle a Ella—Aria iba a contarle todo a su madre esa noche cuando llegara a casa, sin excusas—y que nada de esto fue culpa de él, y si su familia se venía abajo, todavía estarían bien. De alguna manera. Pero sabía lo que ocurriría si lo intentara. Mike podría salir corriendo.
Aria tomó su café y se marchó del bar. Sólo necesitaba moverse.
—Aria —la llamó una voz detrás de ella. Se dio la vuelta. Sean estaba unos seis metros de distancia, cerca de una de las mesas. Parecía molesto.
Presa del pánico, Aria puso la taza hacia abajo y corrió hacia el baño de mujeres.
Una de sus gruesas Wedges se deslizó fuera de su pie derecho. Atrapada, ella seguía empujando hacia adelante, sólo para quedar atrapada entre la gente.
Trató de volverse, pero nadie se movía.
—Hey —Sean estaba junto a ella.
—Oh —gritó Aria sobre la música, tratando de actuar indiferente—. Hola.
Sean tomó a Aria del brazo y se la llevó hacia el aparcamiento, que era el único lugar de Foxy que estaba vacío. Sean recupero sus llaves, las cuales tenía el valet. Ayudó a Aria a entrar en su coche y se dirigió a un lugar vacío más adelante en el camino de entrada.
—¿Qué pasa contigo? —le preguntó Sean.
—Nada —Aria miró por la ventana—. Estoy bien.
—No, no lo estas. Eres como un zombi.... me estás volviendo loco.
—Yo sólo... —Aria movió la cadena de perlas que había llevado como un brazalete hacia arriba y hacia abajo en su muñeca—. No lo sé. Yo no quería causarte problemas.
—¿Por qué no?
Se encogió de hombros.
—Porque no quieres escucharlo. Debes pensar que soy un bicho raro. Al igual que, estoy súper-obsesionada con mis padres. Es de todo lo que he hablado.
—Bueno... es una especie de... pero lo que quiero decir...
—Yo no sería una loca —le interrumpió ella—, si quieres bailar con otras chicas, no importa. Hay varias chicas muy lindas aquí.
Sean parpadeó, con el rostro blanco.
—Pero yo no quiero bailar con nadie más.
Se quedaron callados. Gold Digger de Kanye West se escuchaba desde la tienda.
—¿Estás pensando en tus padres? —preguntó Sean en voz baja.
Aria asintió con la cabeza.
—Supongo. Tengo que contarle todo a mi madre esta noche.
—¿Por qué tienes que contárselo?
—Porque... —Aria no podía hablarle de “A”—. Tengo que ser yo. Esto no puede seguir así.
Sean suspiró.
—Pones mucha presión sobre ti. ¿No puedes tener una noche libre?
Al principio, Aria se sentía a la defensiva, pero luego se echó hacia atrás.
—Realmente creo que deberías volver ahí, Sean. No deberías dejarme arruinar tu noche.
—Aria... —Sean dejó escapar un suspiro de frustración—. Ya basta.
Aria hizo una mueca.
—Simplemente no creo que esto vaya a funcionar para nosotros.
—¿Por qué?
—Porque... —hizo una pausa, tratando de averiguar lo que quería decir.
¿Porque no era la típica chica Rosewood? ¿Porque no importaba lo que le gustara a Sean de ella, habían tantas otras cosas que no les gustarían? Se sentía como si fuera uno de esos medicamentos de los que se debían de desconfiar que se anunciaban por la TV. El narrador siempre parafraseaba sobre come el medicamento había ayudado a millones de personas, pero al final de los comerciales, decían muy tranquilamente que los efectos secundarios incluyen palpitaciones del corazón y una descarga aceitosa. Con Aria, era como, Cool, niña... pero tenía un gran equipaje familiar que producía explosiones y llenaba de baba camisas caras.
Sean cuidadosamente puso su mano sobre Aria.
—Si tienes miedo de que estoy asustado por lo de anoche, no lo estoy. Tú realmente me gustas. En cierto modo me gustas más por la noche anterior.
Las lágrimas asomaron a los ojos de Aria.
—¿En serio?
—Totalmente
Él apretó su frente contra la suya. Aria contuvo la respiración. Por último, sus labios se tocaron. Entonces otra vez.
Aria apretó la boca a la suya y agarró la parte posterior de su cuello, tirando más de cerca de él. Su cuerpo se sentía cálido. Sean pasó las manos por la cintura de Aria. De pronto, se mordían mutuamente los labios, sus manos arriba y abajo acariciándose la espalda el uno al otro. Luego se separaron, respirando con dificultad y mirándose a los ojos.
Se tocaban la espalda el uno al otro. Sean tiró de la cremallera del vestido de Aria. Él se quitó la chaqueta y la arrojó en el asiento trasero, y ella soltaba los botones de su camisa. Ella besó los oídos de Sean y se pasó las manos dentro de su camisa, su piel lisa y desnuda. Él hizo círculos dos veces alrededor de su cintura con las manos lo mejor que podrían, con el cuerpo en un ángulo incómodo en el estrecho asiento del Audi. Sean se inclinó en el asiento de atrás, levantó a Aria, y se la llevó con él. Los mandos de su columna vertebral rallando contra el volante.
Ella arqueó su cuello cuando Sean besó su garganta. Cuando ella abrió los ojos, vio algo, un papel amarillo debajo del limpiaparabrisas. Al principio ella pensó que era algún tipo de volante—tal vez una publicidad de alguna fiesta después de Foxy, pero luego se dio cuenta de las grandes, voluminosas palabras, escritas de forma descuidada con marcador Sharpie negro.
¡No olvides! La campanada de medianoche.

Se apartó de Sean.
—¿Qué es eso? —preguntó. Señaló la nota, con sus manos temblorosas—. ¿Tú escribiste eso?
Fue una pregunta estúpida, sin embargo: ya sabía la respuesta.

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