sábado, 5 de enero de 2013

Club de Lectura (2x07)


 Te traemos un nuevo capítulo del libro Flawless, el capítulo 7.
Si te perdiste el capítulo anterior, lo podés leer aquí
Para comenzar con la lectura, hacé clic en Más Información.






Capítulo 7: Oh capitana, mi capitana

El martes por la tarde, Emily oscilaba en el umbral de la puerta de la entrenadora Lauren.
—¿Puedo hablar con usted?
—Bueno, sólo tengo un par de minutos hasta que tenga que darle esto a los funcionarios-dijo Lauren, levantando su lista de nominados. 
Hoy era el Rosewood Tank, la primera competencia de natación de la temporada. Se  suponía que era un encuentro de exhibición amistoso, todos los colegios privados del área estaban invitados y no había puntuaciones, pero Emily normalmente se ahorraba eso y tenía el nerviosismo pre-competencia de la misma forma. Pero no esta vez.
—¿Qué pasa, Fieldsy? —preguntó Lauren.
Lauren Kinkaid estaba en sus tempranos treinta, tenía el cabello un tanto rubio y permanentemente dañado por el cloro, y llevaba camisetas con lemas motivadores sobre natación como “COME NUESTRAS BURBUJAS” y “PUSE EL ESTILO EN EL ESTILO LIBRE”. Había sido la entrenadora de natación de Emily seis años. Primero, en la Liga Renacuajo, luego en el curso largo, y ahora en Rosewood Day. No muchas personas conocían a Emily tan bien, no lo suficientemente bien como para llamarla “Fieldsy”, o como para saber que su comida favorita pre-natación era el filete a la pimienta de China Rose, o para saber que cuando el nado mariposa de Emily era tres décimas de segundo más rápido, quería decir que tenía el periodo. Esto hacía que lo que Emily estaba a punto de decir fuera mucho más difícil.
—Quiero renunciar —dijo inesperadamente Emily.
Lauren parpadeó. Parecía aturdida, como si alguien le hubiera dicho que la piscina estaba llena de anguilas eléctricas.
—¿Por… por qué?
Emily miró fijamente el suelo de linóleo con diseño de tablero de ajedrez. 
—Ya no es divertido.
Lauren dejó salir el aire de sus mejillas. 
—Bueno, no siempre es divertido. Algunas veces es trabajo.
—Lo sé. Pero… simplemente ya no quiero hacerlo.
—¿Estás segura?
Emily suspiró. Pensaba que estaba segura. La semana pasada estaba segura.
Había estado nadando desde hace años, sin preguntarse si le gustaba o no. Con la ayuda de Maya, Emily había reunido el coraje para admitirse a sí misma, y a sus padres, que quería renunciar. Desde luego, eso fue antes de… todo. Ahora, se sentía más como un yo-yo que nunca. Un minuto, quería renunciar. Al siguiente, quería su vida normal de chica buena de regreso, la vida donde iba a nadar, salía con su hermana Carolyn los fines de semana, y pasaba horas perdiendo el tiempo haciendo tonterías en el autobús con sus compañeros de equipo y leyendo el libro del horóscopo de cumpleaños. Y entonces quería la libertad de seguir sus propios intereses de nuevo. Excepto… que ¿Cuáles eran sus intereses, además de nadar?
—Me siento realmente exhausta —finalmente ofreció Emily, tratando de explicárselo.
Lauren sostuvo su cabeza con su mano. 
—Te iba a hacer capitana.
Emily se quedó con la boca abierta. 
—¿Capitana?
—Bueno, si —Lauren presionaba y soltaba su bolígrafo—. Pensé que lo merecías. Eres una verdadera jugadora de equipo, ¿sabes? Pero si no quieres nadar, entonces…
Ni siquiera sus hermanos mayores Jake y Beth, quienes habían nadado los cuatro años de secundaria, y habían conseguido becas para la universidad, habían sido capitanes. Lauren enrolló su silbato alrededor de su dedo. 
—¿Y si te lo pongo fácil por un tiempo? —tomó la mano de Emily—. Sé que ha sido duro;
con tu amiga…
—Sí —Emily miró fijamente hacia el póster de Michael Phelps de Lauren, esperando no comenzar a llorar otra vez. Cada vez que alguien mencionaba a Ali, que era aproximadamente una vez cada diez minutos, su nariz y ojos se ponían nerviosos.
—¿Qué dices? —la persuadió Lauren.
Emily pasó su lengua por la parte de atrás de sus dientes. Capitana. Seguro, era la campeona estatal en los 100 metros mariposa, pero Rosewood Day tenía un equipo malditamente bueno. Lanie Iler llegó quinta en los 500 metros estilo libre en las Nacionales Junior, y Stanford ya le había prometido a Jenny Kestler un viaje completo el próximo año. Que Lauren eligiera a Emily sobre Lanie o Jenny quería decir algo. Tal vez era un signo de que su vida de yo-yo debía regresar a la normalidad.
—Está bien —se escuchó diciendo.
—Maravilloso —Lauren le dio palmaditas a su mano. Ella se dirigió hacia una de sus muchas cajas de cartón con camisetas y le entregó una a Emily. —Para ti. Un regalo por el comienzo de la temporada.
Emily la estiró. Decía “CHICAS GAYS: ESCURRIDIZAS CUANDO ESTÁN MOJADAS”. Miró hacia Lauren, con su algodonosa garganta seca. Lauren ¿lo sabía?
Lauren levantó la cabeza. 
—Es una referencia al estilo —dijo lentamente—. Ya sabes, ¿mariposa?
Emily miró otra vez hacia la camiseta. No decía chicas GAY. Decía las chicas VUELAN.- Oh —croó, doblando la camiseta—. Gracias.
Dejó la oficina de Lauren y caminó por el vestíbulo de la piscina con las piernas temblorosas. La habitación estaba abarrotada de nadadores, todos aquí por la Tank. Entonces, ella se detuvo, repentinamente consciente de que alguien estaba mirando hacia ella. A través de la habitación, vio a Ben, su ex novio, apoyándose contra la vitrina de trofeos. Su mirada era tan intensa que no parpadeaba. La piel de Emily picaba y el calor subió por sus mejillas. Ben sonrió burlonamente y le susurró algo a su mejor amigo, Seth Cardiff. Seth rió, echó otro vistazo hacia Emily, y le susurró algo de regreso a Ben. Entonces ambos se rieron.
Emily se escondió detrás de una multitud de chicos del St. Anthony. Esa era otra razón por la que quería dejar de nadar, así no tendría que estar cada día con su ex novio, quien si sabía. Él había pillado a Maya y a Emily en un momento de más-que-sólo-amigas en la fiesta de Noel el viernes.
Se introdujo a la fuerza a un pasillo vacío que dirigía a los vestidores de los chicos y a los de chicas, pensando otra vez sobre la última nota de “A”. Era extraño, pero cuando Emily leyó el mensaje en el baño de Maya, fue casi como si pudiera escuchar la voz de Ali. Excepto que eso era imposible, ¿cierto? Además, Ben era la única persona que sabía sobre lo de Maya. Tal vez de algún modo había descubierto que Emily había tratado de besar a Ali. ¿Podría… podría Ben ser “A”?
—¿A dónde vas?
Emily se dio la vuelta. Ben la había seguido dentro del pasillo. 
—Hey —Emily trató de sonreír. —¿Qué pasa?
Ben llevaba sus destrozados pantalones Champion, pensaba que le traían suerte, así que los usaba en cada competición. Se había vuelto a rapar el cabello durante el fin de semana. Hacía que su rostro ya angular luciera más duro. 
No pasa nada —respondió de mala manera, con su voz resonando por las paredes de losa—.Pensé que estabas renunciando.
Emily se encogió de hombros. 
—Sí bueno, supongo que cambié de opinión.
—¿De verdad? Estabas tan convencida el viernes. Tu novia parecía orgullosa de ti.
Emily apartó la vista. —Estábamos borrachas.
—Correcto —avanzó un paso hacia ella.
—Piensa lo que quieras —se dio la vuelta hacia su vestuario—. Y ese mensaje que me enviaste no me asusta.
Ben frunció las cejas. 
—¿Qué mensaje?
Ella se detuvo. 
—El mensaje que decía que se lo ibas a contar a todos —dijo, probándolo.
—No te he escrito ningún mensaje —Ben inclinó su barbilla—. Pero… quizás si se lo diga a todos. Tú siendo una lesbiana es una pequeña historia jugosa.
—No soy gay —dijo Emily a través de sus dientes.
—Oh ¿sí? —Ben se acercó un paso. Los agujeros de su nariz expandiéndose hacia dentro y hacia afuera—. Pruébalo.
Emily soltó inesperadamente una risa. Este era Ben. Pero entonces, él arremetió hacia adelante, envolvió sus manos alrededor de la cintura de Emily, y la empujó contra la fuente de agua.
Inhaló bruscamente. La respiración de Ben era caliente sobre su cuello y olía como a Gatorade de uva. —Detente —susurró, tratando de soltarse.
Ben necesitaba solo un fuerte brazo para sujetarla. Presionó su cuerpo contra el
de ella. 
—Dije, pruébalo.
—Ben, para —lágrimas de miedo llegaron a sus ojos. Le dio un manotazo tentativamente, pero sus movimientos solo se volvían más fuertes. Pasó la mano por su pecho. Un pequeño chillido se escapó de su garganta.
—¿Hay algún problema?
Ben se alejó repentinamente. Detrás de ellos, en el costado más alejado del pasillo, estaba parado un chico con una chaqueta de calentamiento de la escuela privada Tate. Emily entrecerró sus ojos. ¿Que…?
—No es de tu incumbencia, hombre —dijo con fuerza Ben.
—¿Qué no es de mi incumbencia? —el chico se acercó unos pasos.
Era Toby Cavanaugh.
—Amigo —Ben se volteó alrededor.
Los ojos de Toby se posaron en la mano de Ben sobre la cintura de Emily. Levantó ligeramente su barbilla hacia Ben. 
—¿Cuál es el problema?
Ben echó un vistazo hacia Emily, y entonces la dejó ir. Ella se alejó de él, y Ben usó su hombro para abrir la puerta del vestuario de los chicos. Luego, silencio.
—¿Estás bien? —preguntó Toby.
Emily asintió, con la cabeza hacia abajo. 
—Eso creo.
—¿Estás segura?
Emily miró a hurtadillas a Toby. Ahora era realmente alto, y su cara ya no era parecida a un roedor y cautelosa. Tenía unos pómulos altos y unos ojos oscuros increíbles. La hacía pensar en la otra parte de la nota de “A”. A pesar de que la mayoría de nosotros hayamos cambiado totalmente…
Sus rodillas se sentían poco firmes. No podía ser… ¿podía?
—Me tengo que ir —masculló, y corrió, con los brazos extendidos, dentro del vestuario de las chicas.

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